Busco el lugar más silencioso de la casa; me siento cómodo,
cierro
los ojos y comienzo a relajarme hasta que la oscuridad abra
a mi
mente la puerta de los recuerdos, de años que han pasado y
huellas
que han quedado.
He llegado al pasado y como un juego voy recordando detalles
y
momentos que mi viejo, alegre y fuerte corazón a vivido, en
el
amor de mujeres que pasaron hasta llegar a aquella que la
espina
quedó clavada en mi alma junto a mi eterno amor.
El dolor es intenso pero es un juego de la mente y como un
juego lo
acepto ya que en cualquier momento puedo dejar de jugar. Y
así
recorro mi vida absorbiendo las sonrisas rechazando las
tristezas.
Todas ellas salen de los recuerdos que no he de olvidar.
Mi vieja mente ya puede tener algunos olvidos pero no mi
corazón, él
se mantiene activo como si fuera una memoria ejercitada.
Y en este juego de recordar el pasado me llega el sueño, que
finalmente,
ronda mis noches y me trae el descanso que en mis años son
necesarios.
Si el corazón funciona y la mente lo acompaña no hay vejez
que borre
los recuerdos que formaron nuestra vida.
¡Jugando con la mente, hermoso ejercicio para ser feliz!
Mario Beer-Sheva.-
“Al final no recordaremos las palabras de nuestros
adversarios sino el
silencio de nuestros amigos” Martín Luther King
No hay comentarios:
Publicar un comentario